miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA EXPLOTACIÓN DE RECURSOS MARÍTIMOS EN LA ANTIGÜEDAD


R. González Villaescusa, K. Schörle, F. Gayet, F. Rechin (dir.) L'exploitation des ressources maritimes de l'Antiquité. Activités productives et organisation des territoires, XXXVIIe Rencontres Internationales d’Archéologie et d’Histoire d’Antibes & XIIe colloque de l'association AGER, Éditions APDCA, Antibes, 2017. [2-904110-58-5] (Próxima aparición).


Este volumen, resultado de la organización conjunta de los XXXVIIº Encuentros Internacionales de Arqueología e Historia de Antibes y el XIIº Coloquio de la Asociación Ager, quiere contribuir a la comprensión de la implantación litoral en función de la explotación de los recursos marítimos. El objetivo es comprender la explotación del medio litoral (producción y transformación de productos) y el papel que juegan la producción, circulación e intercambios marítimos en los sistemas de poblamiento y organización territorial. Estos espacios de naturaleza y calidad diferentes y con discontinuidades bioecológicas aportan a sus ocupantes un medio híbrido: a menudo la construcción de estos paisajes antropizados dan cuenta y sacan provecho de esta posición. El volumen presta una particular atención a la gestión de los espacios y paisajes costeros: el hábitat, diques, pastizales, cultivos, salinas y a las interacciones entre las actividades de explotación de los recursos marinos y la explotación agrícola, poniendo en evidencia los estrechos lazos entre la agricultura y la pesca o, incluso, la ganadería.

Cet ouvrage issu de l’organisation conjointe des XXXVIIe Rencontres Internationales d’Archéologie et d’Histoire d’Antibes et du XIIe Colloque de l’Association Ager veut contribuer à la compréhension de l’implantation littorale en fonction de l’exploitation des ressources maritimes. L’objectif est de comprendre l’exploitation du milieu littoral (la production et la transformation des produits) et le rôle de la production, circulation et les échanges maritimes dans les modes de peuplement et d’organisation territoriale. Ces deux espaces de nature, de qualités différentes et avec des discontinuités bioécologiques appor tent aux occupants un milieu hybride : souvent, la construction de ces paysages anthropisés rend compte et tire profit de cette position. Le volume porte une attention par ticulière à l’aménagement des espaces et des paysages côtiers : l’habitat, les digues, les prairies salées, les cultures, les marais salins, et les interactions entre les activités d’exploitation des ressources marines et l’exploitation agraire, en mettant en évidence les liens étroits entre l’agriculture et la pêche, voire l’élevage.

This book results from the joint organization of the XXXVII Rencontres Internationales d’Archéologie et d’Histoire of Antibes and the XIIth Colloquium of the Ager Association. Its main objective is to contribute to the understanding of coastal settlements in light of the exploitation of maritime resources. The aim is to seek a better understanding of the exploitation (i.e. the production and its processing methods) of coastal environments understood as an interface between the land and the sea, and the role of production, circulation and maritime trade for settlements and territorial organization. The land and the sea form two natural spaces with different qualities and discontinuous bioecological systems, yet they create a hybrid environment : human settlements and activities in coastal lands often both reflect and profit from this situation. This volume also paid attention to the distinction between amphibious territories (benefiting from two elements: marshes, lakes and lagoons coastal and rivers, meadows flooded by the sea...) and mixed economies in which communities integrate fishing practices and into their operating systems, which are also agricultural and pastoral.

jueves, 31 de agosto de 2017

DE REIMS A BENICARLÓ: AZAÑA Y EL PATRIMONIO CULTURAL

Gárgola escupiendo plomo del Museo de Tau
© Alain Foucaut
Ricardo González Villaescusa
Levante-EMV, 31 de agosto de 2017

En el diálogo sin pausas ni ritmos escénicos de La velada de Benicarló (1937), escrito por Manuel Azaña, al final del texto hace una larga digresión sobre el patrimonio cultural que me era completamente desconocida. Un texto redactado por el presidente de la República en 1937, de recomendable lectura en su 80º aniversario por la lucidez y la clarividencia de sus análisis a dos años del final de la contienda.

El personaje de Morales, el escritor, que pone voz al Azaña intelectual, cuenta al resto la sensación de desamparo y perdición que albergó cuando en Valencia, capital de la República, corrió la voz de que los aviones de las fuerzas rebeldes habían bombardeado el Museo del Prado de Madrid. El personaje afirma que, de dirigir la guerra habría que alcanzar un acuerdo de “inmunidad de lo bello y lo histórico” que sentencia con la frase “Matémonos si queréis, pero salvemos de acuerdo nuestras obras de civilizados”.

Delegación española en Reims
© De la edición de La velada en Benicarló
Muy lejos de ser siquiera conocedor de la obra del presidente, creo vislumbrar en esta reacción una consecuencia directa del viaje que realizara el ya maduro Azaña en el otoño de 1916, al frente francés de la I Guerra Mundial, formando parte de una delegación de intelectuales solidarios con Francia, entre los que se encontraban los historiadores Menéndez Pidal y Américo Castro. Las reflexiones motivadas por aquel viaje fueron pronunciadas en una conferencia el 25 de enero de 1917 en el Ateneo de Madrid: Reims y Verdún: impresiones de un viaje a Francia, Madrid, 1917. En la capital del champagne, Azaña pudo comprobar de primera mano los efectos del acto vandálico realizado por las fuerzas alemanas sobre Notre-Dame de Reims, la belle, la guapa para los nativos. Con el pretexto de que las torres campanario eran utilizadas como puestos de observación de los movimientos de las tropas germanas, el ejército alemán bombardeó en 1914 hasta incendiar y destruir casi por completo la catedral de las coronaciones reales y alto contenido identitario francés. Las gárgolas vomitando plomo fundido de las vidrieras de la catedral del siglo XIII todavía pueden contemplarse en el museo diocesano del palacio de Tau, para conmoción de sus visitantes.

Es probable que el presidente conociera las vigentes normas de la convención de la Haya de 1907 en términos de protección de los edificios de culto y de valor patrimonial, pero lo que más nos interesa son las argumentaciones con las que el presidente defendía esa cláusula de respeto por “la belleza y lo histórico” que tienen especial valor en el momento actual, cuando nos preocupamos por la destrucción del patrimonio universal por el Estado Islámico.

Conjunto de gárgolas de la catedral de Reims
© Wikimedia Commons
Haciendo alusión a que ciertas destrucciones de patrimonio ya eran un hecho en 1937 en ciudades como Mérida, Toledo o Madrid, el escritor Morales defiende que el destino de esos bienes culturales donde permanece el “patrimonio espiritual” no parece preocupar a los contendientes de la guerra. A tal afirmación, Pastrana, trasunto de “prohombre socialista”, afirma que “será desgarrador perder los monumentos de nuestra civilización, no por históricos sino por actuales, operantes en nuestro espíritu”. Distingue así, en línea con las teorías más recientes un patrimonio productivo, en el sentido capitalista del término, como el valor de las cosas que se transmiten en una mercantil y al que no acceden todas las capas sociales por igual y los “monumentos españoles, parte improductiva del patrimonio nacional”, como un patrimonio que sí es de todos, siquiera nominalmente, pero que lo es precisamente, por infructuoso.

A estas alturas, no es de extrañar que Azaña conocía bien el origen del concepto patrimonio como el conjunto de bienes que se transmiten y conservan de generación en generación para definir una nación. Pero parece más interesante resaltar que en esa definición no había ningún rasgo de esencialismo. La idea patrimonial del jefe del Estado no tenía nada que ver con la inmanencia del espíritu español, sino de aquellas contribuciones hispanas a los valores universales. Al igual que la concepción de la patria, Azaña tenía una idea republicana del patrimonio cultural en la que rechazaba toda añoranza histórica. Su visión es moderna y rupturista, un nuevo proyecto social que toma impulso en una “cultura tradicional en permanente renovación” (S. Juliá, “Las patrias de Manuel Azaña”, en Historia de la nación y del nacionalismo español, 2013)

Ese proyecto social era personificado por Ricardo de Orueta, hombre de la Institución Libre de Enseñanza y Director de Bellas Artes entre 1931 y 1936, con Azaña de primer ministro y presidente de la República más tarde. El enfoque patrimonial de este historiador del arte se plasmaría en la “Ley del Tesoro Artístico Nacional”, de la que fue relator, y vigente hasta la Ley de Patrimonio Histórico de 1985. Esta ley desarrollaba el artículo 45 de la Constitución de 1931 y estipulaba las reglas de formación de un inventario del patrimonio histórico-artístico nacional. La frase de Azaña “matémonos si queréis, pero salvemos de acuerdo nuestras obras de civilizados” es una declaración de principios sobre la impotencia ante la guerra y la necesidad de preservar aquello que nos une (entre generaciones, entre clases, entre culturas y religiones…) como contribución a los valores universales, 35 años antes de la creación de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esos mismos valores universales de modernidad que son cuestionados por el Estado Islámico cuando destruye el patrimonio preislámico para obtener ingresos con su venta y con la intención de amplificar el impacto propagandístico de sus actos.

Las lecciones son sencillas de extraer. La primera es que no estamos tan lejos del vandalismo yihadista como creemos, tan solo nos separa algo más de un par de generaciones. La segunda es que los valores universales no lo son tanto. La identificación de la nación con una religión, que distanciaba a Azaña del catolicismo exclusivista de Menéndez y Pelayo, es precisamente la coartada que usaron los talibanes para destruir las estatuas de los budas de Bamiyán en 2001. En tercer y último lugar, como son relativos, los valores que definen una sociedad, como la nuestra, necesitan de una discusión (“salvemos de acuerdo…”). Para dar nacimiento a una ley que proteja y conserve debemos consensuar, discusión mediante, qué merece ser conservado y protegido de la destrucción y del olvido; en definitiva, se trata de determinar qué valores propios creemos que contribuyen a los valores universales.

De lo contrario, tendremos que resignarnos como dice en un momento el escritor Morales de La velada de Benicarló, en clara alusión a la Casa de Velázquez, creada en 1920, a que “vengan a buscar vestigios entre montones de arena y ceniza los sabios de algún instituto extranjero”.

jueves, 3 de agosto de 2017

ASALTAR LOS CIELOS SIN PASAR POR LA TIERRA

Ricardo González Villaescusa
Levante-EMV 3 de agosto de 2017
 
Si el patrimonio es el uso contemporáneo que un colectivo social hace de su pasado, este uso traduce buena parte de la representación colectiva presente de una sociedad y de sus perspectivas de futuro. Pasados dos años de las elecciones que cambiaron el escenario del poder territorial en algunas de las principales ciudades españolas y comunidades autónomas, es posible reflexionar sobre qué futuro reservan los partidos emergentes a un pasado enfrentado a la idea de modernidad.

Ciudades tan emblemáticas como Madrid, Barcelona, Valencia, Alcalá de Henares o Cartagena y comunidades autónomas como la catalana o la valenciana han visto transformarse la situación política. La tendencia ha sido la formación de gobiernos socialistas que han contado con el apoyo de las fuerzas políticas emergentes o, en ocasiones, como en Barcelona, son los socialistas que apoyan a En Comú Podem. Los programas de gobierno de estos grupos son explícitos en cuanto a los grandes objetivos generales que pueden consultarse en sus sitios de internet. Los comunes muestran en su programa la intención de “blindar los servicios públicos”; la CUP tiene como objetivo manifiesto “substituir el modelo socioeconómico capitalista por otro nuevo”; en Valencia, Compromis, pretende “superar las carencias del modelo económico vigente”. Sin embargo, en el tema patrimonial estamos más cerca de valores posmateriales del liberalismo de izquierda como intentaré demostrar. Aunque proporcionar “munición argumentativa de utilidad para los sectores más reaccionarios” (Manuel Cruz, Travesía de la nada. Reflexiones sobre el argumentario independentista, 2016) no figure entre mis intenciones, hay sobradas razones para creer que las coaliciones citadas olvidan cuestiones medulares del patrimonio cultural, si bien, no es en mayor medida que en las fuerzas políticas tradicionales.

Tras consultar con diferentes amigos, colegas y empresarios de las más importantes plazas citadas me han transmitido un mensaje poco esperanzador. La situación económica es crítica (la deuda de la Comunidad Valenciana alcanza el equivalente de tres anualidades presupuestarias), pero es amargo constatar que la crisis económica culmina una crisis de valores que, por definición, hace mella en el patrimonio cultural, mediatizado por ideales y necesidades no materiales. La política cultural se centra en el teatro, el cine o las exposiciones y el patrimonio cultural se encuentra supeditado al medioambiente y, a lo sumo, al interés patrimonial del karma del “turismo cultural”: una disciplina histórica al servicio del crecimiento económico. Errores de bulto como la demolición del convento de las Damas Apostólicas de Madrid, están originados más por una devaluación de los requisitos de protección legal del patrimonio que indujo la reforma de la ley de la Comunidad de Madrid en 2013, que por el alegado “error burocrático”, siendo paradójico que sea una movilización ciudadana la que paralice el avance del derribo. Hay una tendencia a que las actividades culturales tengan un lógico cariz identitario, mayor en Cataluña, y un uso memorial del pasado. Las justificadas intervenciones arqueológicas en las fosas de represaliados por el franquismo, el oportuno acto de reivindicación de la figura de Negrín o la próxima celebración del 80 aniversario del “II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura”, son buenas muestras de una concepción de la Historia a remolque de un memorialismo, que asume “los sueños que en el pasado tuvieron los nuestros como nuestro propio insuperable horizonte de expectativas” (M. Cruz, Adios, historia, adiós, 2012).

La síntesis de algunas de esas políticas se concita en una comunidad como la Valenciana donde se hace la mayor apuesta posible, un cambio legislativo de la misma Ley de Patrimonio que se encuentra en trámite, mientras que el esperado Reglamento Regulador de las Actividades Arqueológicas permanece olvidado. Sólo podemos felicitar que el borrador público que se pretendió poner en marcha al principio de la legislatura instaure una acreditación de los servicios arqueológicos municipales para poder intervenir en la arqueología local. Pero es del todo inadmisible que las empresas de arqueología queden redimidas de dicha acreditación y que la figura del promotor sea el interlocutor ante la administración, en lugar del titulado superior en materia de arqueología y/o patrimonio, único responsable de los resultados científicos de la misma. Una prueba más de que “el capitalismo se ha quedado solo” en afortunada expresión de Manuel Cruz.

En un contexto de crisis puede entenderse la mísera cifra destinada al patrimonio en las cuentas públicas de los últimos presupuestos de la Comunidad Valenciana. Cantidad apenas remediada por un improvisado “Plan de Inversiones en el Patrimonio Cultural” de cuatro millones de euros para dos ejercicios, a todas luces desequilibrado territorial y temáticamente, además de una clara finalidad aplicada al turismo cultural. Inconscientemente, espero, el “Plan” anunciado confirma la “crisis silenciosa” que pone la educación y la cultura al servicio de la competitividad global y de la capacidad de generar renta (M. Nussbaum, Sin fines de lucro, 2010). No puede compartirse la ausencia total de ideas que denotan las principales actuaciones tendentes a la recuperación de la Dama de Elche, propias de un decimonónico afán identitario. Un ejemplo más de una huida hacia atrás inspirada por una geopolítica utópica que pretende restituir el tiempo en que algo pudo ser y no fue. Mientras que el ejecutivo valenciano implora la vuelta del busto ibérico a la ciudad de Elche, olvida completamente en el citado “Plan de inversiones” el rico patrimonio ibérico de la Comunidad.

Es cierto que hay pocos recursos económicos y no es menos cierto que el turismo cultural ofrece una utilidad social que puede contribuir al desarrollo económico de los territorios, pero la rentabilidad no puede ser el motor de las políticas patrimoniales. Lamentablemente, la práctica política cotidiana de los dos últimos años del social-liberalismo y de las fuerzas anticapitalistas dan diariamente la razón a Francis Fukuyama. En un peligroso atajo discursivo asumen que sin dinero no hay política posible y la diferencia entre las formaciones conservadoras y progresistas se sustancia en el peso y color de las dotaciones presupuestarias destinadas a las políticas evidentes: la iglesia que se cae o el trámite de una excavación preventiva.

Así, acaban convertidos en notarios de una realidad presente en la que no pueden influir, para mirar atrás, hacia un pasado reciente no deseado que pospone indefinidamente el imperativo político de transformar la sociedad aquí y ahora.

domingo, 11 de junio de 2017

FUNDACIONES, ARTE Y PATRIMONIO

Felipe Vives de Cañamas y Mompalau
de Jerónimo Jacinto de Espinosa
Josep Vicent Lerma
Levante-EMV 23 de mayo de 2017

El anuncio por parte de la Dirección General de Cultura y Patrimonio que dirige la, en sus palabras, permanentemente «arrepentida» Carmen Amoraga, de la apertura del procedimiento de consulta ciudadana previa sobre el Anteproyecto de Ley de Patrimonio Cultural y Museos de la Comunitat Valenciana (LPCyM) que sustituirá a la obsoleta Ley 4/98, para afrontar adecuadamente los nuevos retos del patrimonio histórico valenciano y las nuevas figuras del mismo en el siglo XXI, viene a dar satisfacción plena a las demandas del Consell Valencià de Cultura (CVC) aprobadas en Pedreguer el pasado 27 de febrero. Y si se nos permite la pedantería, a los rejones críticos sobre la necesidad de clausurar a perpetuidad las políticas legislativas de manido parcheo de la vieja Ley de Patrimonio Cultural Valenciano (LPCV) del Partido Popular vertidos en el artículo Leyes, líos y ayes (Levante-EMV, 17-03-2017).

En este orden de novedades del siglo XXI, el actual desembarco de una plétora de fundaciones culturales privadas, propietarias de importantes colecciones de obras de arte antiguo y moderno, como entre otras muchas la omnipresente Hortensia Herrero, Per amor a l´art –de los mecenas Susana Lloret y José Luís Soler– promotora del futuro Centro Cultural de Bombas Gens o la Chirivella Soriano, tras décadas de abandono de lo público y el oneroso lastre económico conllevado por el cierre de fundaciones ruinosas como La luz de las imágenes, conforma una emergente realidad patrimonial. Mientras, la nueva diáspora, salida incontrolada o fiscalmente clandestina, de nuestro territorio autonómico de piezas maestras integrantes del tesoro artístico valenciano, camino de las grandes casas de subastas de Madrid o europeas, como la reciente puesta en venta pública en Maastricht (Holanda) de un soberbio caballero de Montesa, obra barroca del gran pintor contestano Jerónimo de Espinosa debería abocar a nuestras administraciones públicas a dar una ajustada respuesta, mejorando sus competencias de inspección, control y tutela de la herencia cultural compartida, en el contexto instrumental de esta anunciada Ley de Patrimonio Cultural y Museos.

Y ello, a modo de viejo aviso de navegantes, sobre la base de la negativa experiencia de frustradas aventuras culturales particulares anteriores, ya de finales del siglo pasado, como la de la casi olvidada Fundación Portal de la Morería, de Tomás Brández, que fracasó completamente tanto en la puesta en marcha de sus voluntariosas propuestas culturales como en el desarrollo de sus ambiciosos planes arquitectónicos de integración urbana del torreón de la muralla árabe del desparecido pub Hanax, del palacio de los Fernández de Córdova: «Pretendemos convertir el conjunto del edificio en un lugar con una dinámica que sea a la vez museo histórico, donde queden expuestos al público tanto los lienzos de la muralla y la torre recuperados, apoyados en unos paneles descriptivos de la ciudad de Valencia y su recinto árabe amurallado del siglo XI y de elemento generador y divulgador de todo tipo de manifestaciones culturales» (25-08-1994).

martes, 23 de mayo de 2017

CIUDADES, VIOLENCIA Y DERECHO INTERNACIONAL. COLOQUIO DE NIZA

Colloque "VILLES, VIOLENCE et DROIT INTERNATIONAL" les 31 mai et 1er juin 2017, UFR Droit et Science politique, amphithéâtre Bonnecarrère.

El Laboratorio de Droit international et Européen (LADIE EA 7414), el Centre de Droit International de NANTERRE (CEDIN EA382) y el Laboratorio Forces du Droit (EA 4387) organizan el coloquio "Villes, violence et droit international".

La ciudad como lugar de violencia constituye en los últimos años un objeto de estudio analizado principalmente bajo el prisma de la sociología o del orden jurídico interno. Sin embargo, constituye un desafío mayor para el derecho internacional en su dimensión humanitaria y de seguridad.

Las "guerras urbanas", de baja o alta intensidad, ofrecen a la vez una demostración de los límites de la protección y de las dificultades de aplicación del derecho internacional en un espacio con especificidades marcadas, pero con una gran potencialidad en materia de prevención de la violencia.

El análisis del régimen de protección que concede el derecho internacional a las ciudades permite plantearse el interrogante sobre la necesidad de un derecho internacional de los conflictos armados en medio urbano, a semejanza de los regímenes diferenciados en derecho internacional humanitario, como son los conflictos armados terrestres o marítimos. Más allá de los conflictos armados definidos por el derecho internacional, las numerosas iniciativas jurídicas adoptadas como reacción a las múltiples formas de violencia centradas en el hecho urbano sitúan a las ciudades en el centro del derecho internacional de la seguridad y la protección.

Este coloquio se inscribe en el marco del programa « Les villes et le droit international » (https://vdicil.org), iniciado en 2015, que asocia el Centre de droit international de Nanterre (CEDIN- EA 382) de l’Université Paris Nanterre, le Laboratoire Forces du droit (EA4387) de l’Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis, miembros de l’Université Paris Lumières, y el Laboratoire de Droit International et Européen (LADIE EA 7414) de l’Université Nice Sophia Antipolis, membre de l’Université Côte d’Azur.

Programa

1ª Media Jornada - miércoles 31 mayo

Un droit international des conflits armés en milieu urbain ?

Primera Mesa Redonda : La ville, objet d’une protection générale sous la présidence de Fausto POCAR, professeur à l’Université de Milan, juge au Tribunal pénal pour l’ex Yougoslavie, Président de l’Institut International de Droit Humanitaire.

14h30 : L’application des principes du DIH à la guerre urbaine, Eric DAVID, Professeur émérite, Université Libre de Bruxelles
14h50 : La ville protégée par l’encadrement des moyens de guerre, Anne MILLET-DEVALLE, Maître de Conférences HDR, Université Côte d’Azur
15h10 : La protection des villes dans les stratégies et manuels militaires nationaux et internationaux, Philippe FRIN, Conseiller juridique, LEGAD, Ministère de la Défense
15h30 : Villes et droit de l’occupation, Jérôme de HEMPTINNE, Professeur, Université catholique de Louvain

15h50 : Discussion

Pausa café

Segunda Mesa Redonda : La ville, objet de protections spécifiques sous la présidence de Josiane AUVRET-FINCK, Professeur de droit public, Université Côte d’Azur, Directrice du LADIE

16h30 : La pertinence des statuts de ‘ville ouverte’ et ‘ville défendue’, Vaios KOUTROULIS, professeur, Université Libre de Bruxelles
16h50 : Le régime juridique de la ville assiégée, Isabelle MOULIER, Maître de Conférences, Université de Clerrmont Auvergne
17h10 : La protection du patrimoine culturel des villes par le droit international humanitaire, Clémentine BORIES FONTANA-GIUSTI, Maître de Conférences HDR, Université Paris Nanterre
17h30 : La protection du patrimoine urbain: entre mémoire, identités citoyennes et conflits, Ricardo GONZALEZ VILLAESCUSA, Professeur d’Histoire et Archéologie Antiques, Université Côte d’Azur, CEPAM-CNRS

17h50 : Discussion

2ª Media Jornada – jueves 1 junio

Les villes, moyen de protection contre la violence

Primera Mesa Redonda : Un droit international de la conception et de l’administration des villes au service de la paix ? sous la présidence de Michel VEUTHEY, Vice-président de l’Institut International de Droit Humanitaire

9h00 : La place des villes dans la pratique de la Commission de consolidation de la paix des NU, Mathias FORTEAU, Professeur de droit public à l’Université Paris Nanterre
9h20 : Statut international et administration internationale des villes après les conflits armés, Ioannis PREZAS, Maître de Conférences à l’Université Paris 1
9h40 : La construction de la ville au service de la guerre ou de la paix ?, Anouche BEAUDOUIN, Maître de Conférences, Université Côte d’Azur
10h00 : La reconstruction des villes après la guerre : les marchés publics de reconstruction, Brigitte RAYNAUD, Directrice générale des services du Conseil Départemental des Ardennes, Expert près la Cour Pénale Internationale, Cercle K2
10h20 : Un droit international de la sécurité municipale ? Jean-Louis ITEN, Professeur de droit public, Université Paris 8

10h40 : Discussion

Pausa café

Segunda Mesa Redonda : l’action internationale des villes au service de la paix, sous la présidence de Mathias FORTEAU, Professeur de droit public, Université Paris Nanterre

11h00 : L’action pacificatrice des associations internationales de villes, Romélien COLAVITTI, Maître de conférences, Université de Valenciennes et du Hainaut-Cambrésis
11h20 : L’exemple des coopérations de Cités Unies France dans le domaine ‘crises et réhabilitation’, Bertrand GALLET, Directeur Général, Cités Unies France
11h40 : L’action de Genève dans la gouvernance internationale, Michel VEUTHEY, Vice-président de l’Institut International de Droit Humanitaire
12h00 : Villes et sanctions internationales, Romain Le BŒUF, Professeur de droit public, Université Aix-Marseille

12h20 : Discussion

12h40 : Conclusions, Fausto POCAR, Professeur à l’Université de Milan, juge au Tribunal pénal pour l’ex Yougoslavie, Président de l’Institut International de Droit Humanitaire

viernes, 19 de mayo de 2017

REQUIEM POR EL CENTRE NATIONAL D'ARCHÉOLOGIE URBAINE (CNAU)

Biblioteca del CNAU en el Château de Tours
Presentamos el texto de Pierre Garmy, "Tombeau du Centre national d’archéologie urbaine (CNAU)", aparecido en Nouvelles de l'Archéologie, n° 146, diciembre 2016, pp. 60-61, que nos ha cedido el autor para su traducción. Puede leerse en francés en la web de Mediapart. P. Garmy fue director del CNAU entre 1992 y 1995. Para saber algo más sobre la filosofía que presidió el CNAU véase nuestra entrada La fábrica urbana que sirvió para dar a conocer nuestra edición y traducción del ensayo de H. Galinié, Ciudad, espacio urbano y arqueología. La fábrica urbana.

El afán de la administración central del ministère de la Culture et de la Communication ha dado cuenta finalmente, de los restos del Centro Nacional de Arqueología Urbana (CNAU) instalado en Tours. El más importante fondo nacional en esta materia (unos 12000 libros) es actualmente embalado para su destino en Charenton, para después, ser instalado muy hipotéticamente en las estanterías de la "Médiathèque de l’Architecture et du Patrimoine" -a menos que se olvide durante años en lo más profundo de un sótano, por falta de operarios para llevarlo a cabo- la base de datos (alrededor de 1300 expedientes monográficos y 33000 referencias indexadas en la base de datos Millefeuilles) están apagadas y, en consecuencia, los conocimientos adquiridos y el trabajo de más de treinta años del equipo del CNAU son simplemente amortizados. Por no hablar de la suerte del equipo humano dispersado en algunos servicios descentralizados y ajenos a su competencia científica...

Creado gracias a los avances culturales de la década de 1980, junto con otros dos "centros nacionales" -el Centre national de Préhistoire à Périgueux y el Centre de recherches subaquatiques à Annecy- el CNAU tenía una triple misión especializada de documentación: formación, asesoramiento e investigación en la disciplina de la arqueología urbana.

Como tales servicios centrales deslocalizados del Ministerio, estas tres instituciones escaparon a los principios de desconcentración que rigen los servicios externos de los departamentos regionales de los asuntos culturales, incluyendo el servicio regional de la arqueología (SRA). El ejercicio de la jurisdicción en su especialidad en todo el territorio nacional, no tenía capacidad para hacer cumplir las leyes y reglamentos del sistema legal. Originalmente, un consejo científico independiente y evaluado periódicamente orientaba sus actividades y programas. Razón de más para que puedan considerarse por la administración responsable -la investigación, contra toda lógica, ya no interesa - como los patitos feos de un panorama de la Cultura cada vez más estandarizado y rígido. El centro de Annecy, una vez desaparecido, fue absorbido por el Departamento de Investigaciones Submarinas (DRASSM); el CNP sobrevive como puede pletórico de fuerzas; el CNAU se ha convertido con el paso de los años en un mero apéndice de los servicios centrales, continuando a producir milagrosamente, gracias a la labor admirable y a la fe de los componentes de su pequeño equipo, pero su desaparición ha acabado definitivamente ocurriendo, una vez programada en virtud de la révision générale des politiques publiques "RGPP" el nuevo taparrabos del desmantelamiento del servicio público.

Sin embargo, ni la producción científica del Centro, ni su participación diversa y vigorosa en las redes de la investigación urbana pueden justificar tal encarnizamiento administrativo. El "Annuaire des opérations de terrain en milieu urbain" (base de datos Terresurbaines que contiene más de 7700 entradas sobre operaciones en 850 ciudades comprendidas entre los años 1985 y 2010), el "Bulletin bibliographique d’archéologie urbaine" (el último en línea en 2016 concierne las publicaciones de 2012), continúa apareciendo como puede, la serie de "Études et documents", fruto en su mayoría de seminarios y mesas redondas y, por supuesto. los "Documents d’évaluation du patrimoine archéologique des villes de France (DEPAVF)" reconocidos instrumentos de gestión, ampliamente utilizados por la comunidad científica como por todos aquellos que tienen que hacer frente cotidianamente a las cuestiones urbanas (arqueólogos, historiadores, gestores, los servicios comunitarios, arquitectos, planificadores, políticos, etc.).

Mientras que su tutela administrativa quería -sin justificación, pero a cualquier precio- deshacerse de él, existían, sin embargo, soluciones inteligentes para salvaguardar los logros del Centro, acrecentándolos y desarrollándolos de forma sostenible. Hubiera sido posible firmar un convenio, como tantos otros comparables, con una unidad de investigación de Tours que podría haber acogido el equipo y ofrecer las condiciones materiales e intelectuales para cumplir con sus objetivos científicos. Todos los sectores concernidos, con excepción de la administración del Ministerio de Cultura y Comunicación habían expresado su apoyo a esta iniciativa y habían hecho campaña en su favor. Sin contar con la Subdirección de Arqueología de ese Ministerio.

En estas tristes circunstancias, no deja de sorprender la lectura de la nueva Programmation nationale de la recherche archéologique (CNRA), publicada en 2016, con especial atención a las páginas 121-135 dedicadas a la temática 9, titulada Le phénomène urbain. Puede leerse en un batiburrillo "el enfoque geográfico del espacio urbano es un paso muy importante ..." [y] "el trabajo de taller de cronocoremática urbana dirigido por el equipo del Centro Nacional arqueología urbana ha sido un buen ejemplo "; o que "la relación entre la arqueología y la planificación urbana aún es frecuentemente el único registro reglamentario [y que] los datos de la investigación no están suficientemente integrados en el análisis dinámico y la reestructuración urbana contemporánea. [Por consiguiente], es apropiado considerar formas de dar mayor claridad al trabajo en las ciudades y facilitar el acceso no sólo a toda la comunidad arqueológica y científica, sino también a los profesionales en la cuestión, planificadores, arquitectos, planificadores o elegidos ". Pero saltan los ojos de sus órbitas al descubrir la necesidad de "promover el intercambio de datos", que era "uno de los roles de los Documents d’évaluation du patrimoine archéologique des villes de France (DEPAVF) conducidos en el pasado por el Centro Nacional de Arqueología Urbana (CNAU)... los volúmenes publicados como parte de esta colección permiten una lectura diacrónica de la evolución de la trama urbana estudiada, muy útil para la comunidad de arqueólogos, historiadores y arquitectos, a la vez que son accesibles a los no -especialistas". Los DEPAVF de hecho, "gracias a su estructura, donde se combinan los datos cartográficos y textuales, proporcionan las condiciones ideales para una transformación en sistemas de gestión informática." Dicho sea de paso, esa conversión no es una operación mecánica simple, sino que requiere una fuerte inversión conceptual que antaño fue llevada a cabo por el equipo del CNAU, como lo demuestra un documento olvidado en un cajón inmediatamente después de su publicación por la Subdirección de la Arqueología (Coll., 2004). "Además de asegurar la comunicación periódica de los resultados de la investigación a toda la comunidad científica, dichas bases de datos relacionales pueden ser utilizadas por los responsables de la ordenación del territorio, lo que contribuiría a la visibilidad de la investigación, a menudo reducida a un círculo muy restringido. Serían además para los servicios de la administración que prescriben las intervenciones arqueológicas, una herramienta de ayuda a la decisión para la prevención arqueológica".

Parece indudable que habría que imaginar la creación de un "órgano de vocación nacional," la única forma de "garantizar el establecimiento de normas relevantes que satisfagan las diversas situaciones urbanas, su respeto en el tratamiento y la utilización de los datos, la traducción en formatos que puedan ser utilizados por toda la comunidad arqueológica...".

Estas fuertes recomendaciones me sugieren una idea: ¿Por qué no instalar el organismo nacional en cuestión en "Tours, lugar del estudio urbano por excelencia" y bautizarlo CNAU?

En última instancia, ¿hay que pensar que la mencionada Programmation nationale de la recherche archéologique no está destinada a guiar las decisiones de la administración del Ministerio en esta materia? En cualquier caso, esta no se molesta con sutilezas científicas del estilo y al parecer no se siente obligada a cumplirla. Ilustración, sin duda, del viejo dicho: "En Francia, cuando se quiere enterrar un problema, se crea una comisión."

Ciudadano Pierre GARMY
19 Brumaire, An 225

Bibliografía
Coll. 2004. Informatisation des documents d’évaluation du patrimoine archéologique des villes de France. Système de gestion de base de données, système d’information géographique. Bilan d’étape 2002-2003. Tours, 2004, 162 p., ill.

martes, 21 de marzo de 2017

LA ATLÁNTIDA NO ESTUVO EN JAÉN

La Atlántida no estuvo en Jaén... ni en ningún otro sitio.

Artículo de opinión de Manuel Molinos, catedrático de arqueología de la Universidad de Jaén publicado el 19 de marzo de 2017 en Ideal.es


Cuando alguien se define como atlantólogo podría suponerse que se trata de un especialista en Atlanthropus mauritanicus, el Homo erectus norteafricano, o de un estudioso de la cordillera del Altas tunecino-argelino-marroquí, o de un especialista en los fondos del mar Atlántico. Pero si me dicen que se trata de un autonombrado especialista en

la Atlántida platónica, me quedo asombrado de que alguien pueda decir tanta tontería sin ruborizarse, y que otros puedan tomarlo en serio. Es el caso de Georgeos Díaz-Montexano o de su colega Simcha Jacobovici, el 'descubridor' de los clavos de Cristo, de la tumba de Caifas, de la cripta familiar de Jesús, con María Magdalena y el común hijo de ambos; también de la sepultura del apóstol Santiago: un verdadero especialista en hallazgos de primer nivel que acabaron demostrándose, tampoco hubo que indagar mucho, simples falsedades. Toda una vida de estudio no bastaría para analizar tanta basura.

¿Existió alguna vez la Atlántida? Seguro que sí: en la filosofía de Platón, en la mitología, o en la retórica literaria: existió para sueños nacionalistas, especialmente el alemán de los años posteriores a la Primera Guerra Mundial que desembocó en el nazismo,. Ha habido muchas Atlántidas, en la literatura y en la ficción. Existe en la cabeza de Georgeos Díaz-Montexano. Pero dicho esto, la Atlántida, como realidad, no estuvo en Jaén, tampoco sus supuestos centros secundarios, ni sus templos, ni sus construcciones. Ni aquí, ni en ningún lugar del planeta Tierra, sencillamente porque una Atlántida histórica, no existió nunca, jamás. No hay arqueólogo ni historiador medianamente serio, que sostenga esa afirmación. Lo diga Georgeos Díaz, Simcha Jacobovici o el afamado cineasta James Francis Cameron.

Las afirmaciones que hemos leído estos días en los medios de comunicación, tienen trampa y esconden un olímpico desprecio a la ciencia al intentar argumentar que existen dos clases de arqueologías: una académica, encerrada entre los infranqueables muros de la universidad y otra para la que no son necesarios ni títulos ni método. Basta con autoproclamar la existencia de una supuesta ciencia bautizada como 'atlantología'. Más de veinte años de investigación, que como tal ha sido modélica aunque las autoridades no hayan hecho sus deberes, especialmente en lo que se refiere a la puesta en valor de las parcelas que se destinaron a ese fin, pueden quedar reducidos a cenizas por una estrafalaria, inconsistente o, incluso, falsaria 'opinión'. Y en ciencia no existen opiniones. Los arqueólogos no opinan sobre el pasado, construyen hipótesis a partir de una información fosilizada en la tierra. Y cuando tienen las evidencias suficientes las convierten en tesis hasta que nueva información modifique o incluso revoque las anteriores conclusiones. Ese es el método científico.

Pero vayamos a la Atlántida: Platón (427-347 a.n.e.) al escribir sus Diálogos de Critias y de Timeo, pretendía exponer sus críticas posiciones político-filosóficas sobre el Estado Ateniense. El personaje central del relato, al que Platón parece tener en alta estima, explica a Sócrates el fabuloso mundo de la Atlántida. Se trata de Critias, un oligarca ateniense, responsable de asesinatos y deportación de ciudadanos de su propia ciudad, al que Filostrato llamó «el mayor malvado de todos los hombres», tirano depravado que para Platón fue un hombre refinado, un aristócrata distinguido. Con estos principios Platón construye su universo ideal, una sociedad donde los campesinos y artesanos trabajaban, los guerreros vigilaban y los gobernantes-aristócratas tomaban sabias decisiones en beneficio de la comunidad. En realidad, su modelo de sociedad ideal sería similar al de Esparta, muy alejado del que tenía Atenas en el momento mismo del nacimiento del filósofo, herencia principal del recién fallecido Pericles (429 a.n.e.). Y de ahí nace el mito de la Atlántida, según algunos investigadores una metáfora del imperio Aqueménida con el que los griegos habían mantenido un largo y doloroso enfrentamiento. La Atlántida habría sido un fabuloso reino donde la virtud, el sentido de la justicia y la sabiduría de sus gobernantes, habrían creado un continente ideal, que sólo los dioses, enojados por la soberbia que con el tiempo caracterizaron a la monarquía atlante, habrían truncado mediante una gigante y catastrófica ola.

El filósofo, que creaba el mito para defender su filosofía política, describió ampliamente el lugar como si de un escenario real se tratase, una enorme isla, en realidad un continente, una metáfora narrada como si de una historia verdadera se tratara: A Critias se la contó su padre, que la escuchó de Solón, y que se remontaba a los orígenes del universo griego, unos nueve mil años antes de Platón ¡En el Mesolítico! Las cronologías obtenidas para las estructuras de los fosos de Marroquíes, con metodología científica (C14), cifran su origen, fosos 0 y 1, en torno al 2800 a.n.e., más de seis mil años después de la supuesta destrucción del mítico continente. Es decir los atlantes, en su caso, estarían todos muy calvos antes de la construcción del extraordinario, magnífico, espectacular, asentamiento Calcolítico de Jaén.

El origen

Efectivamente y ahí estoy de acuerdo con Georgeos Díaz-Montexano, un espacio verdaderamente excepcional, digno de recibir mucha más atención de la que se le dio una vez realizadas las excavaciones arqueológicas. Tan excepcional que no necesita de florituras literarias ni su identificación con el universo mitológico atlantista. Marroquíes está en el origen de lo que somos los hombres y mujeres que habitamos esta tierra. Esa sí es nuestra identidad y no la fabulosa leyenda de un reino de atlantes aristocráticos y antidemocráticos al gusto platónico; en Jaén tenemos una historia repleta de momentos álgidos que deberían servir para aumentar nuestra autoestima como pueblo, sin necesidad de recurrir a absurdos inventos formulados no está claro con qué propósito, salvo el de vender exclusivas en los medios de comunicación.

Ese mensaje debería calar entre nuestros políticos, que en su mayoría han ignorado el patrimonio histórico de la ciudad. Un sencillo ejemplo: Yo llevo treinta y seis años investigando en el oppidum ibero de Puente tablas; ¿saben cuantos alcaldes(a) de Jaén han mostrado su interés por el sitio? ¿Cuántos han preguntado o solicitado información sobre uno de los asentamientos más emblemáticos, conocidos y publicitados de la provincia? Ninguno.

Ahora vienen unos freelance, con el pedigrí de un medio de difusión internacional y se les hace el culo agua y se plantean hasta revisar las licencias de obra en el lugar, en vez de suspender, en interés general, ese sí, urgente y objetivo, la licencia de obras de la cantera de la Fuente de la Peña, por ejemplo. Pero como lo dicen desde fuera hay que darles más crédito que a las docenas de arqueólogos que han trabajado en Marroquíes Bajos. Por otro lado, en muchos ciudadanos, verdaderamente interesados en el patrimonio de la ciudad, se ha creado la ilusión de que esta situación puede ayudar a defender ese patrimonio. «Bueno -dicen- es una barbaridad, pero puede contribuir a proteger nuestra historia» ¡No! Junta y Ayuntamiento deberían establecer los mecanismos para la puesta en valor del Marroquíes, para el uso social, también como recurso económico, de ese extraordinario patrimonio. Pero de la fábula no puede surgir nada bueno. No podemos resolver nuestros problemas con la falsedad, con la mentira. No a cualquier precio.

viernes, 17 de marzo de 2017

¿CÓMO TRABAJAR EN LA ENSEÑANZA DEL PATRIMONIO CULTURAL Y SU GESTIÓN?


Aquí no hay más remedio que resaltar la diferencia que existe entre la difusión o la enseñanza de los caracteres históricos y artísticos de los bienes culturales, y la difusión o la enseñanza de sus mecanismos de gestión. Se trata de dos mundos muy separados en la actualidad.

El primero existe: el profesorado de la mayoría de las áreas universitarias de Humanidades «enseña» bienes culturales, ya se trate de asignaturas sobre historia del arte barroco, sobre arqueología clásica o sobre historia de la Revolución francesa.

El segundo no: la Gestión del Patrimonio Cultural no es un «área de conocimiento» universitario, y las asignaturas que la tratan son escasas, proceden de distintos Departamentos y Áreas y presentan una distribución realmente caprichosa.

Lo mismo podemos decir de las enseñanzas obligatorias y del bachillerato: por supuesto, muchas de las personas que trabajan en esas áreas, enseñando Humanidades o Sociales, o incluso Conocimiento del Medio, «tratan» de una forma u otra con los bienes culturales –y, por supuesto, con los naturales–. En la mayoría de las ocasiones, si no en todas, se enseña la belleza, el valor histórico, las características artísticas y el aprecio que hay que tener ante un monumento, un cuadro o incluso un yacimiento arqueológico. Pero también en la mayoría de las ocasiones los aspectos patrimoniales, los mecanismos de gestión, la responsabilidad de la protección de todos esos bienes son temas que no se tratan.

Por lo tanto, a la pregunta que encabeza este apartado, la respuesta es realmente simple: se trabaja en esto dedicándose a la enseñanza de las Humanidades y modificando muy ligeramente lo que se enseña. Además del monumento, expliquemos cómo se protege; además del cuadro artístico, esa obra ante la que podemos sentir orgullo, enseñemos cuáles son las administraciones responsables de su cuidado y qué hacen o deben hacer al respecto. Además de visitar un yacimiento arqueológico mientras se está excavando y explicar a qué época pertenece y qué significan esos muros, esas estructuras y esas cerámicas, contemos que esos bienes son propiedades públicas, que son, por lo tanto, de todas las personas, que las administraciones se cuidan mucho de dar autorizaciones a los equipos más preparados y de imponerles una buena cantidad de condiciones para que esos bienes nuestros lo sigan siendo. No es tan difícil.

Las publicaciones sobre el tema de la enseñanza de la Gestión del Patrimonio Cultural son muy escasas, aunque a veces podemos encontrar algunas sorprendentes por lo apropiadas. Es el caso, por ejemplo, de Ortega Morales (2003), que se propone, en su trabajo con el alumnado de Magisterio, los cinco objetivos:
  • Crear actitudes y procedimientos de respeto y estimulación hacia la exposición, ya sea temporal o permanente.
  • Conocer, cuidar y conservar las manifestaciones artísticas como un bien cultural e histórico.
  • Adquirir posiciones críticas frente a todo tipo de Patrimonio.
  • Dotar de una instrumentación para que haga viable la enseñanza-aprendizaje del Patrimonio en el aula.
  • Valorar la creación artística mediante el análisis y reflexión sobre la misma.
Por lo que respecta a la enseñanza especializada, a nivel universitario, las publicaciones resultan aún más escasas. Un ejemplo excepcional es Garcerán (2001).

Pero, como muy bien indica la página web de la Asociación de Gestoras y Gestores del Patrimonio Cultural:

"Esta tensión entre la explotación de nuestro Patrimonio como recurso económico, por un lado, y nuestra responsabilidad moral hacia su preservación para el futuro, por otro, es sólo uno de entre una multitud de temas preocupantes y susceptibles de debate social que se podrían citar. Y ello lleva a la conclusión de que la confluencia de tantos y tan complejos aspectos sobre el hecho cultural de nuestro Patrimonio, lejos de todo criterio voluntarista o amateur, hace imprescindible una gestión profesionalizada del mismo."

Son palabras que, lógicamente, se pueden aplicar a esta área concreta de la gestión que acabamos de explicar, la difusión. Sin duda, en el futuro, y no muy lejano, existirá la Gestión del Patrimonio Cultural como materia específica en las escuelas, institutos y universidades, se creará un nuevo perfil profesional y nuevos puestos de trabajo.

El texto de esta entrada es un fragmento del libro Manual de gestión del Patrimonio Cultural de María Ángeles Querol

Mª Ángeles Querol es catedrática de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid. Ha desempeñado algunos cargos como el de Subdirectora General de Arqueología en el Ministerio de Cultura o Presidenta de la Comisión Andaluza de Arqueología. Su investigación se desarrolla en torno a tres temas: los orígenes humanos –con obras como “Adán y Darwin”-, la arqueología feminista –con “La mujer en el Origen del Hombre”, junto a Consuelo Triviño- y la Gestión del Patrimonio Arqueológico –con el libro del mismo título escrito con Belén Martínez Díaz-.

Desde hace más de 10 años se ocupa de la docencia de la asignatura Gestión del Patrimonio Cultural para la licenciatura o grado de Historia. Este libro, claramente dedicado a su alumnado, profundiza en esa experiencia.