martes, 23 de mayo de 2017

CIUDADES, VIOLENCIA Y DERECHO INTERNACIONAL. COLOQUIO DE NIZA

Colloque "VILLES, VIOLENCE et DROIT INTERNATIONAL" les 31 mai et 1er juin 2017, UFR Droit et Science politique, amphithéâtre Bonnecarrère.

El Laboratorio de Droit international et Européen (LADIE EA 7414), el Centre de Droit International de NANTERRE (CEDIN EA382) y el Laboratorio Forces du Droit (EA 4387) organizan el coloquio "Villes, violence et droit international".

La ciudad como lugar de violencia constituye en los últimos años un objeto de estudio analizado principalmente bajo el prisma de la sociología o del orden jurídico interno. Sin embargo, constituye un desafío mayor para el derecho internacional en su dimensión humanitaria y de seguridad.

Las "guerras urbanas", de baja o alta intensidad, ofrecen a la vez una demostración de los límites de la protección y de las dificultades de aplicación del derecho internacional en un espacio con especificidades marcadas, pero con una gran potencialidad en materia de prevención de la violencia.

El análisis del régimen de protección que concede el derecho internacional a las ciudades permite plantearse el interrogante sobre la necesidad de un derecho internacional de los conflictos armados en medio urbano, a semejanza de los regímenes diferenciados en derecho internacional humanitario, como son los conflictos armados terrestres o marítimos. Más allá de los conflictos armados definidos por el derecho internacional, las numerosas iniciativas jurídicas adoptadas como reacción a las múltiples formas de violencia centradas en el hecho urbano sitúan a las ciudades en el centro del derecho internacional de la seguridad y la protección.

Este coloquio se inscribe en el marco del programa « Les villes et le droit international » (https://vdicil.org), iniciado en 2015, que asocia el Centre de droit international de Nanterre (CEDIN- EA 382) de l’Université Paris Nanterre, le Laboratoire Forces du droit (EA4387) de l’Université Paris 8 Vincennes-Saint Denis, miembros de l’Université Paris Lumières, y el Laboratoire de Droit International et Européen (LADIE EA 7414) de l’Université Nice Sophia Antipolis, membre de l’Université Côte d’Azur.

Programa

1ª Media Jornada - miércoles 31 mayo

Un droit international des conflits armés en milieu urbain ?

Primera Mesa Redonda : La ville, objet d’une protection générale sous la présidence de Fausto POCAR, professeur à l’Université de Milan, juge au Tribunal pénal pour l’ex Yougoslavie, Président de l’Institut International de Droit Humanitaire.

14h30 : L’application des principes du DIH à la guerre urbaine, Eric DAVID, Professeur émérite, Université Libre de Bruxelles
14h50 : La ville protégée par l’encadrement des moyens de guerre, Anne MILLET-DEVALLE, Maître de Conférences HDR, Université Côte d’Azur
15h10 : La protection des villes dans les stratégies et manuels militaires nationaux et internationaux, Philippe FRIN, Conseiller juridique, LEGAD, Ministère de la Défense
15h30 : Villes et droit de l’occupation, Jérôme de HEMPTINNE, Professeur, Université catholique de Louvain

15h50 : Discussion

Pausa café

Segunda Mesa Redonda : La ville, objet de protections spécifiques sous la présidence de Josiane AUVRET-FINCK, Professeur de droit public, Université Côte d’Azur, Directrice du LADIE

16h30 : La pertinence des statuts de ‘ville ouverte’ et ‘ville défendue’, Vaios KOUTROULIS, professeur, Université Libre de Bruxelles
16h50 : Le régime juridique de la ville assiégée, Isabelle MOULIER, Maître de Conférences, Université de Clerrmont Auvergne
17h10 : La protection du patrimoine culturel des villes par le droit international humanitaire, Clémentine BORIES FONTANA-GIUSTI, Maître de Conférences HDR, Université Paris Nanterre
17h30 : La protection du patrimoine urbain: entre mémoire, identités citoyennes et conflits, Ricardo GONZALEZ VILLAESCUSA, Professeur d’Histoire et Archéologie Antiques, Université Côte d’Azur, CEPAM-CNRS

17h50 : Discussion

2ª Media Jornada – jueves 1 junio

Les villes, moyen de protection contre la violence

Primera Mesa Redonda : Un droit international de la conception et de l’administration des villes au service de la paix ? sous la présidence de Michel VEUTHEY, Vice-président de l’Institut International de Droit Humanitaire

9h00 : La place des villes dans la pratique de la Commission de consolidation de la paix des NU, Mathias FORTEAU, Professeur de droit public à l’Université Paris Nanterre
9h20 : Statut international et administration internationale des villes après les conflits armés, Ioannis PREZAS, Maître de Conférences à l’Université Paris 1
9h40 : La construction de la ville au service de la guerre ou de la paix ?, Anouche BEAUDOUIN, Maître de Conférences, Université Côte d’Azur
10h00 : La reconstruction des villes après la guerre : les marchés publics de reconstruction, Brigitte RAYNAUD, Directrice générale des services du Conseil Départemental des Ardennes, Expert près la Cour Pénale Internationale, Cercle K2
10h20 : Un droit international de la sécurité municipale ? Jean-Louis ITEN, Professeur de droit public, Université Paris 8

10h40 : Discussion

Pausa café

Segunda Mesa Redonda : l’action internationale des villes au service de la paix, sous la présidence de Mathias FORTEAU, Professeur de droit public, Université Paris Nanterre

11h00 : L’action pacificatrice des associations internationales de villes, Romélien COLAVITTI, Maître de conférences, Université de Valenciennes et du Hainaut-Cambrésis
11h20 : L’exemple des coopérations de Cités Unies France dans le domaine ‘crises et réhabilitation’, Bertrand GALLET, Directeur Général, Cités Unies France
11h40 : L’action de Genève dans la gouvernance internationale, Michel VEUTHEY, Vice-président de l’Institut International de Droit Humanitaire
12h00 : Villes et sanctions internationales, Romain Le BŒUF, Professeur de droit public, Université Aix-Marseille

12h20 : Discussion

12h40 : Conclusions, Fausto POCAR, Professeur à l’Université de Milan, juge au Tribunal pénal pour l’ex Yougoslavie, Président de l’Institut International de Droit Humanitaire

viernes, 19 de mayo de 2017

REQUIEM POR EL CENTRE NATIONAL D'ARCHÉOLOGIE URBAINE (CNAU)

Biblioteca del CNAU en el Château de Tours
Presentamos el texto de Pierre Garmy, "Tombeau du Centre national d’archéologie urbaine (CNAU)", aparecido en Nouvelles de l'Archéologie, n° 146, diciembre 2016, pp. 60-61, que nos ha cedido el autor para su traducción. Puede leerse en francés en la web de Mediapart. P. Garmy fue director del CNAU entre 1992 y 1995. Para saber algo más sobre la filosofía que presidió el CNAU véase nuestra entrada La fábrica urbana que sirvió para dar a conocer nuestra edición y traducción del ensayo de H. Galinié, Ciudad, espacio urbano y arqueología. La fábrica urbana.

El afán de la administración central del ministère de la Culture et de la Communication ha dado cuenta finalmente, de los restos del Centro Nacional de Arqueología Urbana (CNAU) instalado en Tours. El más importante fondo nacional en esta materia (unos 12000 libros) es actualmente embalado para su destino en Charenton, para después, ser instalado muy hipotéticamente en las estanterías de la "Médiathèque de l’Architecture et du Patrimoine" -a menos que se olvide durante años en lo más profundo de un sótano, por falta de operarios para llevarlo a cabo- la base de datos (alrededor de 1300 expedientes monográficos y 33000 referencias indexadas en la base de datos Millefeuilles) están apagadas y, en consecuencia, los conocimientos adquiridos y el trabajo de más de treinta años del equipo del CNAU son simplemente amortizados. Por no hablar de la suerte del equipo humano dispersado en algunos servicios descentralizados y ajenos a su competencia científica...

Creado gracias a los avances culturales de la década de 1980, junto con otros dos "centros nacionales" -el Centre national de Préhistoire à Périgueux y el Centre de recherches subaquatiques à Annecy- el CNAU tenía una triple misión especializada de documentación: formación, asesoramiento e investigación en la disciplina de la arqueología urbana.

Como tales servicios centrales deslocalizados del Ministerio, estas tres instituciones escaparon a los principios de desconcentración que rigen los servicios externos de los departamentos regionales de los asuntos culturales, incluyendo el servicio regional de la arqueología (SRA). El ejercicio de la jurisdicción en su especialidad en todo el territorio nacional, no tenía capacidad para hacer cumplir las leyes y reglamentos del sistema legal. Originalmente, un consejo científico independiente y evaluado periódicamente orientaba sus actividades y programas. Razón de más para que puedan considerarse por la administración responsable -la investigación, contra toda lógica, ya no interesa - como los patitos feos de un panorama de la Cultura cada vez más estandarizado y rígido. El centro de Annecy, una vez desaparecido, fue absorbido por el Departamento de Investigaciones Submarinas (DRASSM); el CNP sobrevive como puede pletórico de fuerzas; el CNAU se ha convertido con el paso de los años en un mero apéndice de los servicios centrales, continuando a producir milagrosamente, gracias a la labor admirable y a la fe de los componentes de su pequeño equipo, pero su desaparición ha acabado definitivamente ocurriendo, una vez programada en virtud de la révision générale des politiques publiques "RGPP" el nuevo taparrabos del desmantelamiento del servicio público.

Sin embargo, ni la producción científica del Centro, ni su participación diversa y vigorosa en las redes de la investigación urbana pueden justificar tal encarnizamiento administrativo. El "Annuaire des opérations de terrain en milieu urbain" (base de datos Terresurbaines que contiene más de 7700 entradas sobre operaciones en 850 ciudades comprendidas entre los años 1985 y 2010), el "Bulletin bibliographique d’archéologie urbaine" (el último en línea en 2016 concierne las publicaciones de 2012), continúa apareciendo como puede, la serie de "Études et documents", fruto en su mayoría de seminarios y mesas redondas y, por supuesto. los "Documents d’évaluation du patrimoine archéologique des villes de France (DEPAVF)" reconocidos instrumentos de gestión, ampliamente utilizados por la comunidad científica como por todos aquellos que tienen que hacer frente cotidianamente a las cuestiones urbanas (arqueólogos, historiadores, gestores, los servicios comunitarios, arquitectos, planificadores, políticos, etc.).

Mientras que su tutela administrativa quería -sin justificación, pero a cualquier precio- deshacerse de él, existían, sin embargo, soluciones inteligentes para salvaguardar los logros del Centro, acrecentándolos y desarrollándolos de forma sostenible. Hubiera sido posible firmar un convenio, como tantos otros comparables, con una unidad de investigación de Tours que podría haber acogido el equipo y ofrecer las condiciones materiales e intelectuales para cumplir con sus objetivos científicos. Todos los sectores concernidos, con excepción de la administración del Ministerio de Cultura y Comunicación habían expresado su apoyo a esta iniciativa y habían hecho campaña en su favor. Sin contar con la Subdirección de Arqueología de ese Ministerio.

En estas tristes circunstancias, no deja de sorprender la lectura de la nueva Programmation nationale de la recherche archéologique (CNRA), publicada en 2016, con especial atención a las páginas 121-135 dedicadas a la temática 9, titulada Le phénomène urbain. Puede leerse en un batiburrillo "el enfoque geográfico del espacio urbano es un paso muy importante ..." [y] "el trabajo de taller de cronocoremática urbana dirigido por el equipo del Centro Nacional arqueología urbana ha sido un buen ejemplo "; o que "la relación entre la arqueología y la planificación urbana aún es frecuentemente el único registro reglamentario [y que] los datos de la investigación no están suficientemente integrados en el análisis dinámico y la reestructuración urbana contemporánea. [Por consiguiente], es apropiado considerar formas de dar mayor claridad al trabajo en las ciudades y facilitar el acceso no sólo a toda la comunidad arqueológica y científica, sino también a los profesionales en la cuestión, planificadores, arquitectos, planificadores o elegidos ". Pero saltan los ojos de sus órbitas al descubrir la necesidad de "promover el intercambio de datos", que era "uno de los roles de los Documents d’évaluation du patrimoine archéologique des villes de France (DEPAVF) conducidos en el pasado por el Centro Nacional de Arqueología Urbana (CNAU)... los volúmenes publicados como parte de esta colección permiten una lectura diacrónica de la evolución de la trama urbana estudiada, muy útil para la comunidad de arqueólogos, historiadores y arquitectos, a la vez que son accesibles a los no -especialistas". Los DEPAVF de hecho, "gracias a su estructura, donde se combinan los datos cartográficos y textuales, proporcionan las condiciones ideales para una transformación en sistemas de gestión informática." Dicho sea de paso, esa conversión no es una operación mecánica simple, sino que requiere una fuerte inversión conceptual que antaño fue llevada a cabo por el equipo del CNAU, como lo demuestra un documento olvidado en un cajón inmediatamente después de su publicación por la Subdirección de la Arqueología (Coll., 2004). "Además de asegurar la comunicación periódica de los resultados de la investigación a toda la comunidad científica, dichas bases de datos relacionales pueden ser utilizadas por los responsables de la ordenación del territorio, lo que contribuiría a la visibilidad de la investigación, a menudo reducida a un círculo muy restringido. Serían además para los servicios de la administración que prescriben las intervenciones arqueológicas, una herramienta de ayuda a la decisión para la prevención arqueológica".

Parece indudable que habría que imaginar la creación de un "órgano de vocación nacional," la única forma de "garantizar el establecimiento de normas relevantes que satisfagan las diversas situaciones urbanas, su respeto en el tratamiento y la utilización de los datos, la traducción en formatos que puedan ser utilizados por toda la comunidad arqueológica...".

Estas fuertes recomendaciones me sugieren una idea: ¿Por qué no instalar el organismo nacional en cuestión en "Tours, lugar del estudio urbano por excelencia" y bautizarlo CNAU?

En última instancia, ¿hay que pensar que la mencionada Programmation nationale de la recherche archéologique no está destinada a guiar las decisiones de la administración del Ministerio en esta materia? En cualquier caso, esta no se molesta con sutilezas científicas del estilo y al parecer no se siente obligada a cumplirla. Ilustración, sin duda, del viejo dicho: "En Francia, cuando se quiere enterrar un problema, se crea una comisión."

Ciudadano Pierre GARMY
19 Brumaire, An 225

Bibliografía
Coll. 2004. Informatisation des documents d’évaluation du patrimoine archéologique des villes de France. Système de gestion de base de données, système d’information géographique. Bilan d’étape 2002-2003. Tours, 2004, 162 p., ill.

martes, 21 de marzo de 2017

LA ATLÁNTIDA NO ESTUVO EN JAÉN

La Atlántida no estuvo en Jaén... ni en ningún otro sitio.

Artículo de opinión de Manuel Molinos, catedrático de arqueología de la Universidad de Jaén publicado el 19 de marzo de 2017 en Ideal.es


Cuando alguien se define como atlantólogo podría suponerse que se trata de un especialista en Atlanthropus mauritanicus, el Homo erectus norteafricano, o de un estudioso de la cordillera del Altas tunecino-argelino-marroquí, o de un especialista en los fondos del mar Atlántico. Pero si me dicen que se trata de un autonombrado especialista en

la Atlántida platónica, me quedo asombrado de que alguien pueda decir tanta tontería sin ruborizarse, y que otros puedan tomarlo en serio. Es el caso de Georgeos Díaz-Montexano o de su colega Simcha Jacobovici, el 'descubridor' de los clavos de Cristo, de la tumba de Caifas, de la cripta familiar de Jesús, con María Magdalena y el común hijo de ambos; también de la sepultura del apóstol Santiago: un verdadero especialista en hallazgos de primer nivel que acabaron demostrándose, tampoco hubo que indagar mucho, simples falsedades. Toda una vida de estudio no bastaría para analizar tanta basura.

¿Existió alguna vez la Atlántida? Seguro que sí: en la filosofía de Platón, en la mitología, o en la retórica literaria: existió para sueños nacionalistas, especialmente el alemán de los años posteriores a la Primera Guerra Mundial que desembocó en el nazismo,. Ha habido muchas Atlántidas, en la literatura y en la ficción. Existe en la cabeza de Georgeos Díaz-Montexano. Pero dicho esto, la Atlántida, como realidad, no estuvo en Jaén, tampoco sus supuestos centros secundarios, ni sus templos, ni sus construcciones. Ni aquí, ni en ningún lugar del planeta Tierra, sencillamente porque una Atlántida histórica, no existió nunca, jamás. No hay arqueólogo ni historiador medianamente serio, que sostenga esa afirmación. Lo diga Georgeos Díaz, Simcha Jacobovici o el afamado cineasta James Francis Cameron.

Las afirmaciones que hemos leído estos días en los medios de comunicación, tienen trampa y esconden un olímpico desprecio a la ciencia al intentar argumentar que existen dos clases de arqueologías: una académica, encerrada entre los infranqueables muros de la universidad y otra para la que no son necesarios ni títulos ni método. Basta con autoproclamar la existencia de una supuesta ciencia bautizada como 'atlantología'. Más de veinte años de investigación, que como tal ha sido modélica aunque las autoridades no hayan hecho sus deberes, especialmente en lo que se refiere a la puesta en valor de las parcelas que se destinaron a ese fin, pueden quedar reducidos a cenizas por una estrafalaria, inconsistente o, incluso, falsaria 'opinión'. Y en ciencia no existen opiniones. Los arqueólogos no opinan sobre el pasado, construyen hipótesis a partir de una información fosilizada en la tierra. Y cuando tienen las evidencias suficientes las convierten en tesis hasta que nueva información modifique o incluso revoque las anteriores conclusiones. Ese es el método científico.

Pero vayamos a la Atlántida: Platón (427-347 a.n.e.) al escribir sus Diálogos de Critias y de Timeo, pretendía exponer sus críticas posiciones político-filosóficas sobre el Estado Ateniense. El personaje central del relato, al que Platón parece tener en alta estima, explica a Sócrates el fabuloso mundo de la Atlántida. Se trata de Critias, un oligarca ateniense, responsable de asesinatos y deportación de ciudadanos de su propia ciudad, al que Filostrato llamó «el mayor malvado de todos los hombres», tirano depravado que para Platón fue un hombre refinado, un aristócrata distinguido. Con estos principios Platón construye su universo ideal, una sociedad donde los campesinos y artesanos trabajaban, los guerreros vigilaban y los gobernantes-aristócratas tomaban sabias decisiones en beneficio de la comunidad. En realidad, su modelo de sociedad ideal sería similar al de Esparta, muy alejado del que tenía Atenas en el momento mismo del nacimiento del filósofo, herencia principal del recién fallecido Pericles (429 a.n.e.). Y de ahí nace el mito de la Atlántida, según algunos investigadores una metáfora del imperio Aqueménida con el que los griegos habían mantenido un largo y doloroso enfrentamiento. La Atlántida habría sido un fabuloso reino donde la virtud, el sentido de la justicia y la sabiduría de sus gobernantes, habrían creado un continente ideal, que sólo los dioses, enojados por la soberbia que con el tiempo caracterizaron a la monarquía atlante, habrían truncado mediante una gigante y catastrófica ola.

El filósofo, que creaba el mito para defender su filosofía política, describió ampliamente el lugar como si de un escenario real se tratase, una enorme isla, en realidad un continente, una metáfora narrada como si de una historia verdadera se tratara: A Critias se la contó su padre, que la escuchó de Solón, y que se remontaba a los orígenes del universo griego, unos nueve mil años antes de Platón ¡En el Mesolítico! Las cronologías obtenidas para las estructuras de los fosos de Marroquíes, con metodología científica (C14), cifran su origen, fosos 0 y 1, en torno al 2800 a.n.e., más de seis mil años después de la supuesta destrucción del mítico continente. Es decir los atlantes, en su caso, estarían todos muy calvos antes de la construcción del extraordinario, magnífico, espectacular, asentamiento Calcolítico de Jaén.

El origen

Efectivamente y ahí estoy de acuerdo con Georgeos Díaz-Montexano, un espacio verdaderamente excepcional, digno de recibir mucha más atención de la que se le dio una vez realizadas las excavaciones arqueológicas. Tan excepcional que no necesita de florituras literarias ni su identificación con el universo mitológico atlantista. Marroquíes está en el origen de lo que somos los hombres y mujeres que habitamos esta tierra. Esa sí es nuestra identidad y no la fabulosa leyenda de un reino de atlantes aristocráticos y antidemocráticos al gusto platónico; en Jaén tenemos una historia repleta de momentos álgidos que deberían servir para aumentar nuestra autoestima como pueblo, sin necesidad de recurrir a absurdos inventos formulados no está claro con qué propósito, salvo el de vender exclusivas en los medios de comunicación.

Ese mensaje debería calar entre nuestros políticos, que en su mayoría han ignorado el patrimonio histórico de la ciudad. Un sencillo ejemplo: Yo llevo treinta y seis años investigando en el oppidum ibero de Puente tablas; ¿saben cuantos alcaldes(a) de Jaén han mostrado su interés por el sitio? ¿Cuántos han preguntado o solicitado información sobre uno de los asentamientos más emblemáticos, conocidos y publicitados de la provincia? Ninguno.

Ahora vienen unos freelance, con el pedigrí de un medio de difusión internacional y se les hace el culo agua y se plantean hasta revisar las licencias de obra en el lugar, en vez de suspender, en interés general, ese sí, urgente y objetivo, la licencia de obras de la cantera de la Fuente de la Peña, por ejemplo. Pero como lo dicen desde fuera hay que darles más crédito que a las docenas de arqueólogos que han trabajado en Marroquíes Bajos. Por otro lado, en muchos ciudadanos, verdaderamente interesados en el patrimonio de la ciudad, se ha creado la ilusión de que esta situación puede ayudar a defender ese patrimonio. «Bueno -dicen- es una barbaridad, pero puede contribuir a proteger nuestra historia» ¡No! Junta y Ayuntamiento deberían establecer los mecanismos para la puesta en valor del Marroquíes, para el uso social, también como recurso económico, de ese extraordinario patrimonio. Pero de la fábula no puede surgir nada bueno. No podemos resolver nuestros problemas con la falsedad, con la mentira. No a cualquier precio.

viernes, 17 de marzo de 2017

¿CÓMO TRABAJAR EN LA ENSEÑANZA DEL PATRIMONIO CULTURAL Y SU GESTIÓN?


Aquí no hay más remedio que resaltar la diferencia que existe entre la difusión o la enseñanza de los caracteres históricos y artísticos de los bienes culturales, y la difusión o la enseñanza de sus mecanismos de gestión. Se trata de dos mundos muy separados en la actualidad.

El primero existe: el profesorado de la mayoría de las áreas universitarias de Humanidades «enseña» bienes culturales, ya se trate de asignaturas sobre historia del arte barroco, sobre arqueología clásica o sobre historia de la Revolución francesa.

El segundo no: la Gestión del Patrimonio Cultural no es un «área de conocimiento» universitario, y las asignaturas que la tratan son escasas, proceden de distintos Departamentos y Áreas y presentan una distribución realmente caprichosa.

Lo mismo podemos decir de las enseñanzas obligatorias y del bachillerato: por supuesto, muchas de las personas que trabajan en esas áreas, enseñando Humanidades o Sociales, o incluso Conocimiento del Medio, «tratan» de una forma u otra con los bienes culturales –y, por supuesto, con los naturales–. En la mayoría de las ocasiones, si no en todas, se enseña la belleza, el valor histórico, las características artísticas y el aprecio que hay que tener ante un monumento, un cuadro o incluso un yacimiento arqueológico. Pero también en la mayoría de las ocasiones los aspectos patrimoniales, los mecanismos de gestión, la responsabilidad de la protección de todos esos bienes son temas que no se tratan.

Por lo tanto, a la pregunta que encabeza este apartado, la respuesta es realmente simple: se trabaja en esto dedicándose a la enseñanza de las Humanidades y modificando muy ligeramente lo que se enseña. Además del monumento, expliquemos cómo se protege; además del cuadro artístico, esa obra ante la que podemos sentir orgullo, enseñemos cuáles son las administraciones responsables de su cuidado y qué hacen o deben hacer al respecto. Además de visitar un yacimiento arqueológico mientras se está excavando y explicar a qué época pertenece y qué significan esos muros, esas estructuras y esas cerámicas, contemos que esos bienes son propiedades públicas, que son, por lo tanto, de todas las personas, que las administraciones se cuidan mucho de dar autorizaciones a los equipos más preparados y de imponerles una buena cantidad de condiciones para que esos bienes nuestros lo sigan siendo. No es tan difícil.

Las publicaciones sobre el tema de la enseñanza de la Gestión del Patrimonio Cultural son muy escasas, aunque a veces podemos encontrar algunas sorprendentes por lo apropiadas. Es el caso, por ejemplo, de Ortega Morales (2003), que se propone, en su trabajo con el alumnado de Magisterio, los cinco objetivos:
  • Crear actitudes y procedimientos de respeto y estimulación hacia la exposición, ya sea temporal o permanente.
  • Conocer, cuidar y conservar las manifestaciones artísticas como un bien cultural e histórico.
  • Adquirir posiciones críticas frente a todo tipo de Patrimonio.
  • Dotar de una instrumentación para que haga viable la enseñanza-aprendizaje del Patrimonio en el aula.
  • Valorar la creación artística mediante el análisis y reflexión sobre la misma.
Por lo que respecta a la enseñanza especializada, a nivel universitario, las publicaciones resultan aún más escasas. Un ejemplo excepcional es Garcerán (2001).

Pero, como muy bien indica la página web de la Asociación de Gestoras y Gestores del Patrimonio Cultural:

"Esta tensión entre la explotación de nuestro Patrimonio como recurso económico, por un lado, y nuestra responsabilidad moral hacia su preservación para el futuro, por otro, es sólo uno de entre una multitud de temas preocupantes y susceptibles de debate social que se podrían citar. Y ello lleva a la conclusión de que la confluencia de tantos y tan complejos aspectos sobre el hecho cultural de nuestro Patrimonio, lejos de todo criterio voluntarista o amateur, hace imprescindible una gestión profesionalizada del mismo."

Son palabras que, lógicamente, se pueden aplicar a esta área concreta de la gestión que acabamos de explicar, la difusión. Sin duda, en el futuro, y no muy lejano, existirá la Gestión del Patrimonio Cultural como materia específica en las escuelas, institutos y universidades, se creará un nuevo perfil profesional y nuevos puestos de trabajo.

El texto de esta entrada es un fragmento del libro Manual de gestión del Patrimonio Cultural de María Ángeles Querol

Mª Ángeles Querol es catedrática de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid. Ha desempeñado algunos cargos como el de Subdirectora General de Arqueología en el Ministerio de Cultura o Presidenta de la Comisión Andaluza de Arqueología. Su investigación se desarrolla en torno a tres temas: los orígenes humanos –con obras como “Adán y Darwin”-, la arqueología feminista –con “La mujer en el Origen del Hombre”, junto a Consuelo Triviño- y la Gestión del Patrimonio Arqueológico –con el libro del mismo título escrito con Belén Martínez Díaz-.

Desde hace más de 10 años se ocupa de la docencia de la asignatura Gestión del Patrimonio Cultural para la licenciatura o grado de Historia. Este libro, claramente dedicado a su alumnado, profundiza en esa experiencia.

LEYES, LÍOS Y AYES

Josep Vicent Lerma
Levante-EMV 17 de marzo de 2017


El acuerdo del pasado día 2 de marzo en la Comisión de Cultura de les Corts Valencians, de la mano del diputado y radiofónico escritor Fernando Delgado, para modificar la espuria ley del Partido Popular del Patrimonio Cultural Valenciano (LPCV) (Ley 4/98) o enésimo parcheo de su abollado articulado y la aprobación apenas unos días antes del documento del Consell Valencià de Cultura en el que se comunica a sensu contrario a la Dirección General de Cultura y Patrimonio autonómica que literalmente «per tot el que s´ha exposat, considerem convenient que es redacte una nova Llei del Patrimoni», evidencian bien a las claras una preocupante descoordinación de la acción política del Govern del Botànic en esta materia tradicionalmente vital para la izquierda valenciana, que nos ha hecho recordar fatalmente el machacón estribillo «¡ Ay, qué dolor!», de la mítica canción de los Chunguitos de 1978.

Porque si finalmente las modificaciones instrumentales de la ominosa etapa de gobiernos populares de 2004 y 2007, encarriladas sin tapujos a facilitar el sventramento del Cabanyal o la reconstrucción historicista del impostado templo espiritual de los valencianos de la Valldigna –de las que ya nos ocupamos en su día en nuestros artículos de opinión La reforma de la Ley de Patrimonio Cultural o la excepción valenciana (Levante-EMV, 21-11-2004) o Sísifo o la contrarreforma de la ley de patrimonio cultural valenciano (Levante-EMV, 25-02-2007)– no han sido óbice para que las administraciones públicas competentes consientan y pasen por las recientes trapisondas necrofílicas de los Trénor en su finca del monasterio de Sant Jeroni de Cotalba (Alfauir, la Safor), glosadas a su vez en El gen literario valenciano (Levante-EMV, 30-11-2016) o la impune salida fuera del territorio valenciano de piezas fundamentales de nuestro acervo cultural, como el gran retrato pintado sobre un magnífico pavimento de azulejos del mocadoret del caballero de nuestra orden nacional de Montesa, Felipe Vives de Canyamás i Mompalau. Obra señera del pintor barroco Jacinto de Espinosa de 1634, ahora puesta en pública almoneda en la feria anticuaria de Maasctricht, sin impedimentos de la Junta de Valoración y Exportación del Ministerio de Cultura, no obstante su parentesco estilístico con la imagen pictórica del lugarteniente general de esta misma orden militar valenciana, Joan Ferrer, utilizada como ilustración gráfica del antológico libro de Manuel Sanchis Guarner, La Ciutat de València (1972).

Tampoco los penúltimos remiendos normativos –colados de matute por la directora general Carmen Amoraga en la Ley 10/2015 de Acompañamiento de Presupuestos, en su Capítulo XIV de nuevo zurcido de la LPCV, artículo 72 referente al uso de detectores y otros instrumentos de análoga naturaleza– parecen haber servido para atajar de raíz episodios sonrojantes para el patrimonio histórico valenciano, como el de la presencia el pasado mes de febrero de dos presuntos expoliadores, con traje de neopreno y equipo de detección de metales profesional, provistos de licencia genérica de uso en playas valencianas, en los arenales de la Marineta Cassiana de Dénia. Enclave privilegiado del litoral de la Marina Alta que acredita en su haber, nada más y nada menos, que cuatro fichas del inventario de yacimientos arqueológicos subacuáticos de la Comunitat Valenciana.

Por consiguiente, y a modo de coda final, una vez constatado el fracaso de casi dos décadas de aplicación del buenismo neoliberal de la Ley 4/98, ya pregonado en el preámbulo de la misma «de que sin la colaboración de la sociedad en la conservación del patrimonio cultural, en su gran mayoría de titularidad privada, la acción pública está abocada al fracaso por falta de medios suficientes?» (sic), a estas alturas de la legislatura, debería resultar evidente para los actuales gestores del legado cultural de los valencianos la recomendación del Consell Valencià de Cultura de clausurar a perpetuidad la desastrosa política de composturas legislativas discrecionales, seguida hasta ahora e iniciar la redacción de una inaplazable futura Ley del Patrimonio Histórico Valenciano (LPHV), financiada realmente con el 1 % del capítulo de inversiones en obras públicas de los presupuestos de la Generalitat Valenciana o con la aplicación de una ecotasa o tasa turística, que refuerce las políticas públicas en este sector y garantice la preservación de la memoria cultural del pueblo valenciano, dando ajustada respuesta a los retos y amenazas incipientes del siglo XXI, como el turismo urbano depredador o la irrupción de una inédita plétora de fundaciones culturales privadas y mecenas nuevos ricos, beneficiarios de la brecha social abierta por el crash de 2008, a los que las administraciones públicas están llamadas en una fecha no demasiado lejana a sentar su mano pródiga.

domingo, 12 de marzo de 2017

EN BUSCA DEL GEN LITERARIO VALENCIANO

Medallon heraldico. Sant Jeroni de Cotalba
Josep Vicent Lerma
Levante-EMV, 30 de diciembre de 2016


Al hilo de un reciente artículo de V. García Devís  "El nostre ADN literari, al descobert", publicado en la histórica revista de Eliseu Climent, y cuando pensábamos que ya estábamos colectivamente curados del espanto de nuevas rebuscas necrofílicas de huesos vetustos como los del escribano de ración de los Reyes Católicos Luis Santángel, emprendida inútilmente en diciembre de 1993 en el convento de la Trinidad de Valencia por la inefable edil regionalista Lola García Broch, con el concurso de su guardia de corps formada por del entonces letrado Vicente Giner Boira y del secesionista Juan García Santandreu. Cambalache mediático del que dimos oportuna cuenta en nuestro artículo de opinión publicado en estas mismas páginas "La fabulosa búsqueda de los huesos de Santángel" (Levante-EMV, 31-08-2008) venimos ahora en conocimiento inesperado del sorprendente anuncio de la exhumación nada menos que de los restos mortales de Pere March (1336-1413) e Isabel Martorell (+ 1439), padre y esposa respectivamente de nuestro poeta nacional Ausiàs March, en dependencias del monasterio propiedad de la familia Trénor de Sant Jeroni de Cotalba (Alfauir, la Safor).

Dicho descubrimiento, al margen de los análisis correspondientes que se destilarán oportunamente tras su pregonada presentación en noviembre, no deja de tener hic et nunc unos rasgos curiosamente miméticos de la cuestionada apertura institucional por parte de la Generalitat catalana de la tumba real de Pedro III el Grande en otro monasterio, el cisterciense de Santes Creus (Tarragona), evento que igualmente fue objeto de nuestra atención en el artículo "Reyes, tumbas y sabios" (Levante-EMV, 28-09-2010), donde ya observábamos entonces como en lo que respecta al Derecho Canónico y a la profanación de sepulturas cristianas, los preceptos católicos resultan particularmente coercitivos, prescribiendo que son lugares sacros y objeto de bendición (can. 1205, § 1), sujetos a idénticas normas que las que rigen para los templos consagrados (can. 1207). Así como que desde una óptica propia únicamente de la razón laica, este tipo de exhumaciones tan solo serían deontológica y éticamente legítimas en sus medios, en tanto en cuanto diesen necesaria respuesta al aforismo que siempre citamos «Mortui viventes docent». Esto es, en la justa medida en que estas pesquisas forenses respondan a la urgencia real de unas amenazas inmediatas de expolio o destrucción del patrimonio arqueológico, o bien sean completamente indispensables para la reconstrucción académica de nuestro devenir histórico común.

Por todo ello, nuestras autoridades competentes en materia de patrimonio cultural harían bien en no autorizar ni dar pábulo a nuevas aventuras arqueológicas no suficientemente fundamentadas o al albur de iniciativas particulares de amargo recuerdo como la propiciada por el infausto matrimonio Lemieux, objeto en su día de la oportuna crítica editorial de Levante-EMV, de la mano del periodista Julio Monreal en la magistral crónica Cultura autorizó la excavación de tumbas en la Trinidad aunque faltaba base científica (Levante-EMV, 23-12-1993). ¿O es que acaso, en definitiva, nuestros letraheridos March, Joan Roís de Corella, Jaume Roig, etcétera, necesitaron cinco siglos atrás de un gen identitario diferencial para crear nuestra literatura del Siglo de Oro?